miércoles, 31 de octubre de 2018

Sentirse huerfana



No somos una familia al uso. Mi hermana vive fuera y nuestras vidas locas nos impiden vernos todos los días como lo hacen otras familias, pero no pasa nada. No nos agobiamos con continuas visitas. Tampoco somos mucho de teléfono, solo llamamos cuando realmente hace falta o cuando realmente queremos saber algo. No descolgamos el teléfono por bobadas. Si, ya sé, a veces está bien hacerlo solo para oír una voz “familiar” al otro lado, solo para ver cómo lleva la mañana o como ha pasado el día, pero… no nos sale…

Los acontecimientos actuales nos han hecho ver que esto tiene que cambiar, yo intento ver a mis padres más a menudo y mi hermana llama casi todos los días, pero seguimos siento una familia un tanto despegaaaaa.

Por eso se me hace duro pensar que, algún día (espero que muuuuuuy lejano) esa sensación de orfandad llegue a nuestras vidas y no porque yo lo quiera, si no porque ocurra de verdad.
Y es que, desde hace un tiempo, llevo preguntándome qué se debe sentir cuando te faltan dos miembros tan importantes en tu vida.

Recuerdo como reaccioné cuando me enteré de la muerte de la madre de una chica a la que apenas conocía. Llegue a casa llorando y lo primero que hice fue abrazar a mi madre y decirla que no podría vivir sin ella. Se asustó bastante porque hasta que puede contar la razón de mi llanto desesperado pasó un buen rato.

También recuerdo el funeral del padre de otra amiga, la vi derrumbarse y sentí tal sentimiento de empatía que mis lágrimas brotaron como hubiera sido mi padre el que hubiera fallecido.

El año pasado, por estas fechas, tuve la oportunidad de acompañar a mi madre al cementerio.  Ella ya ha enterrado a sus padres y podría haber hecho LA PREGUNTA, pero no me atreví. No quería hacerla sentir más triste de lo que ya la veía y, sinceramente, tampoco quería saberlo, no me sentía preparada.

Y AHORA TAMPOCO.

Sé que es ley de vida, que no nos podemos quedar aquí para siempre, pero no concibo la idea de no poder verlos porque YA NO ESTÉN y no porque “no me dé la vida” para verlos.

La solución, sencilla: llamar todos los días (aunque no tengamos mucho que decirnos) y establecer un calendario de visitas con horarios para poder hacernos un hueco en nuestra “apretada agenda”. Vamos, dejar de hacer lo que para nosotros es “lo normal” es decir, “no agobiar”.

PUES NO LO CREO.

Lo mejor es atesorar momentos DE CALIDAD, aunque sean POCOS, pero intensos, y esos no se pueden planear, no se puede “gestionar la agenda” para tenerlos. DEBEN SURGIR.

Esos momentos son mágicos, inesperados y sobre todo INOLVIDABLES. Esos momentos pueden durar un segundo o varias horas y tampoco tienen que vivirse haciendo algo extraordinario. Pueden surgir viendo la televisión  o sentados en el sofá sin hacer absolutamente nada, solo ESTANDO AHÍ. Esos son los verdaderos MOMENTOS, los de mayúsculas, subrayado y negrita.

CONCLUSIÓN: Debo asumir que ESE OTRO MOMENTO (ni siquiera puedo escribirlo) llegará algún día y que no voy a estar preparada. A lo mejor tengo que hacer de tripas corazón y atreverme a preguntar. Esa sería otra forma de #reinventarme.





jueves, 4 de octubre de 2018

2 años y 1 mes


Estás en las estrellas. Te veo todas las noches.
Gracias a @pelaeldiente y @damian_gorny

Besos de tu Carmencita

jueves, 13 de septiembre de 2018

MORIR DE ANTICIPACIÓN


Mañana es un día importante para nosotros. Mañana nos van a comunicar algo que hará que podamos empezar a escribir en aquel libro en blanco del que os hablé hace ya dos meses. Y mi subconsciente no me deja de enviar mensajes con posibles futuribles, todos ellos nada halagüeños.

Sí, es lo que he denominado el síndrome de “morir de anticipación” o síndrome “de la pitonisa” y que es una de las tantas cosas que debo evitar para poder #reinventarme.

Os cuento y ya me decís si soy yo sola u os pasa a vosotros también.

La mayoría de las veces ya sé cómo va a acabar la película. Y no estoy hablando de los tan de moda SPOILERS, que yo  prefiero denominar “destripes” (por usar el castellano, que nunca viene de más). Estoy hablando de que, ante una determinada situación, ya sé cómo va a acabar el asunto. Mi mente se crea “la película completa” y me cuenta el final en menos que canta un gallo.

Un ejemplo: Veo a uno de los tres cerditos correr como un poseso por el parque y mi mente me manda un mensajito que me dice “ya verás cómo termina en el suelo”. Acto seguido de mi garganta sale un grito desgarrador (soy MAMADRAMAS) diciendo algo así como: “No corras, que te vas a caer” y, desgraciadamente, ya sea porque mis hijos tienen el gen torpe muy subido o porque es lo normal en todos los niños, el susodicho resbala y cae.

Si fuerais malas personas diríais que, a lo mejor, con mi grito he descolocado al niño y por eso se ha caído o que yo soy el problema porque soy gafe. No creáis que no lo he pensado, pero no os quedéis en la punta del iceberg, vayamos a la parte profunda del tema y motivo de esta entrada de hoy: EL SÍNDROME DE MORIR DE ANTICIPACIÓN.

Decidme: ¿Por qué reaccionamos así? ¿Por qué queremos anticiparnos a los acontecimientos? Y lo más importante ¿Por qué pensamos SIEMPRE en lo peor?.

Intentaré responder a las tres preguntas, y os pido que vosotros reflexionéis también sobre ellas.

¿Por qué reaccionamos así? Pues no lo sé, lo que sí sé es que no conozco a nadie que viva tan despreocupadamente como para no pensar o vaticinar qué es lo que va a pasar, ni a corto ni a largo plazo. Vivimos en un mundo en el que el futuro ha pasado a ser prioridad (pensiones, ahorros, etc.) y el presente solo un día más que tiene que pasar rápido para que llegue mañana, y así una y otra vez. BUCLE TOTAL.

¿Por qué queremos anticiparnos a los acontecimientos? Pues entiendo que para poder cambiarlos. Si sabes lo que va a pasar tienes una remota posibilidad de poder modificarlo y que lo malo torne a bueno. Pero mirad lo que le pasaba a BILL MURRAY en “Atrapado en el tiempo” (y no digo más que no quiero destripar la película).

¿Por qué pensamos SIEMPRE en lo peor? Si, ya sé, para que las cosas buenas pasen hay que ser positivos y ver el vaso medio lleno, pero, admitidlo, NADIE lo hace, todo el mundo, SIEMPRE, se pone en lo peor, ya sea porque somos negativos por naturaleza o porque es un mecanismo de defensa, así, si al final no pasa nada malo por lo menos ya nos habíamos puesto en guardia.

El caso es que se supone que debemos vivir el momento y disfrutar de los pequeños placeres diarios que nos depara la vida, y yo lo intento, y yo quiero hacerlo, pero en estos momentos, “no me sale”, mi mente me manda uno tras otro mensajes sobre lo que va a pasar y no me gustan nada de nada, pero no puedo evitar que lo haga y, sinceramente, no sé si quiero que deje de hacerlo, a lo mejor es solo un mecanismo de defensa, pero para mí es un desahogo poder ponerme en guardia para lo que pueda pasar.

La esperanza es lo último que se pierde, y yo la estoy empezando a perder.

Intentaré empaparme de todos esos mensajes positivos que recibo diariamente por varios canales y que a mi me ponen algo nerviosa, no se puede ser tan feliz a todas horas, demasiado azúcar es imposible de digerir y yo soy un poco diabética en estos temas.

Permitidme que haga esta broma para que terminemos esta entrada de hoy con un poquito de humor, porque ya me había puesto bastante seria. Aunque no sé yo si se pueden hacer bromas de este tipo, tal y como está el patio.

En fin, resumiendo, debo evitar el “síndrome de la pitonisa” para poder #reinventarme y repetir esto como un mantra hasta creérmelo… jajajajajaja

Besos
Carmencita

martes, 4 de septiembre de 2018

2 AÑOS

He dejado de decir que hadas malditas te
acunaron en el agua.
No consuela.
Partes de ti que ya no tenemos,
años que pasan
sobre tejas de
arena mojada.
Días y sombras
ojos que ya no lloran.
Dos
olas ¿o son dos alas?

Solo tú lo sabes


Besos de tu Carmencita



viernes, 31 de agosto de 2018

TRANSICIÓN TRANQUILA DE AGOSTO A SEPTIEMBRE… EN MIS SUEÑOS.


Hoy es 31, último día de agosto, el mes en el que todo se paraliza salvo eso que llaman “maternidad/paternidad” (habría que inventar una palabra SINGENERO) porque cuando se tiene esa profesión, lo de cerrar por vacaciones no existe, hay que estar dando el callo las 24 horas de los 365 días del año.

Y es que puede sonar a tópico manoseado, pero, necesito unas vacaciones para poder reponerme de las vacaciones que han tenido los tres cerditos, y creo que el LOBO, es decir, mi Santo, también firmaría por un par de diitas en cualquier lado (véase a la vuelta de la esquina) si eso significara poder relajarse oyendo sus pensamientos.

No hay padre/madre con el que hables que no diga que sus hijos están “para regalarlos” porque no hay quien los aguante. Pues los míos, ni regalaoooos, que lo he intentado en varios grupos de wasap y na de na, y mira que en el pack van un par de entradas para el concierto de U2, pues ni por esas.
Que yo no digo que los niños son niños, que ya sé que tienen que jugar, divertirse y experimentar, pero ¿por qué no podrán hacerlo en un tono normal?, por qué tienen que andar siempre gritando e intentando hacer el bruto, que pasamos de la risa al llanto en un pis pas, con el correspondiente mosqueo parental y la correspondiente reprimenda.

Y mira que a principio de verano todo son buenas intenciones, que nos rompemos la cabeza buscando cosas interesantes y novedosas que hacer para que no se aburran, pero, esa bendita palabra siempre termina aflorando de sus benditas bocas, por mucha plastilina fluorescente  o baño de chocolate que te inventes. Al final terminas repitiendo cual mantra: “el año que viene hay que hacerlo de otra manera”.

El caso es que llega septiembre y como quien dice: “la casa sin barrer”. Volvemos al caos, a las carreras, a la no conciliación entre la vida laboral y la personal y todo porque NO HAY TIEMPO para nada.

PLANIFICACIÓN se ha convertido en la palabra mágica que todos utilizamos. Ese encaje de bolillos que tenemos que hacer para que todo cuadre y no haya fleco suelto que nos deje a los niños sin atención mientras los padres levantamos España.

Tiramos de extraescolares, abuelos-nanys y demás estrategias para conseguir cuadrar el planning diario.

Siempre nos quedarán los fines de semana…

JA!

Mejor no hablar de los fines de semana. Esos en los que a la gente normal les da tiempo a salir, hacer actividades chulas, y sobre todo, A RASCARSE LA BARRIGA a dos manos, lo que todo el mundo conoce como DESCANSAR (otra palabrita mágica).

¿Cómo lo hacen? NI IDEA, he buscado en google la receta y no me han aparecido datos. Debe ser que en mi casa somos TONTOS DEL BOTE pues nuestros fines de semana se han convertido en una prolongación de las carreras, llenos de tareas hogareñas que hacer como poner lavadoras, planchar, limpiar, ir a la compra, cocinar para la semana, etc. Y ya, si acaso, nos quedan unas horitas para ir al parque o bajar a la piscina.

Lo dicho, debo #reinventarme en este aspecto y conseguir un equilibrio zen entre las demandas contra el aburrimiento y la necesidad de desconexión

Ya os cuento si lo consigo

Besos
Carmencita estresaaaaaaaaa

PD. Y que conste que en el titulo he puesto "en mis sueños" por ser diplomática, porque preferiría haber puesto " MIS CXXXXXNES" como bien dice una amigüita/vecina que nos hemos echado en la urba donde vivimos... LUCI, va por tí, maezzzztra. JAJAJAJAJAJA.

sábado, 4 de agosto de 2018

jueves, 26 de julio de 2018

soy un libro en blanco




Así reza en mi foto de perfil de wsp  junto a esta foto y es que es la pura verdad.

Hace unos días, charlando con una amiga, me comentó algo de su cansancio crónico y me dije para mí, “este tema es carne de post”, pero, hete aquí que, de un día para otro, he tenido que cambiarlo porque, de un día para otro,  nuestra vida ha cambiado.

Es lo que tiene VIVIR, un día estás aquí y al día siguiente allí, un día estás pletórica y al día siguiente arrastrándote como un gusano. Y, ¿qué digo de “al día siguiente”? la vida te puede cambiar en un minuto, en un segundo, y eso nos ha sucedido a nosotros.

Sinceramente, llevaba ya unos meses en los que la vida no me sonreía, problemas varios, agobios varios y demás variaciones hacían presagiar que algo más malo estaba por llegar… YO Y MI OPTIMISMO (si, yo primero porque el burro delante para que no se espante, bueno, en este caso  la burra :).

Y no me equivocaba, cuando parecía que, por fin, veía la luz al final del túnel… ZASSSSS!! NOTICIÓN. Y no de los buenos, si no de los que te dejan como si un camión te hubiera pasado por encima. Un enorme mazazo en la cabeza que te deja K.O.

Por eso me toca, una vez más, #reinventarme, por eso lo del libro en blanco y lo de volver a escribir nuestra vida porque la anterior parece ya lejana y sin sentido.

Toca echarpalante y afrontar lo que viene con la mejor cara del mundo para que ese tropezón no consiga ser caída.


Y hasta aquí puedo leer.